Lenguas y modelo escolar

Fa molts mesos que Miquel Strubell i Trueta, Ignasi Vila i Mendiburu, i Xavier Vila i Moreno vam escriure una rèplica a un article que havia sortit en un diari de Madrid. Malgrat els nostres intents, no es va arribar a publicar. Creiem que té un cert interès el que s’hi exposa, i per tant demanem al lector que, després de llegir-lo, el difongui… si vol, és clar! ….

A la vegada, creiem que és lamentable que no es respecti el dret de rèplica, rèplica en aquest cas creiem que respectuosa i acadèmica defensable. El rebuig d’aquest dret reforça la impressió que “el pensamiento único” que tan amoïna els companys de l’autora és una característica més visible en el mitjà citat que no als mitjans presents a Catalunya.

 

Europa y Cataluña: lenguas y modelo escolar

En el contexto de la multiplicidad de estudios, encuentros y debates sobre cómo se configurará Cataluña en caso de poder llevar su conclusión lógica la hoja de ruta hacia su independencia, es muy saludable que desde las páginas de El País una catedrática de Lengua Inglesa en la Escuela Oficial de Idiomas Drassanes de Barcelona se pregunte en voz alta si una hipotética Cataluña independiente que quisiera formar parte de la Unión Europea, encontraría el apoyo de la UE al sistema de inmersión lingüística que se practica en las escuelas (“La inmersión lingüística en el contexto europeo”, por Mercè Vilarrubias, 1 de abril de 2013).

De todos modos, antes de intentar tranquilizar a la autora del artículo ‘La inmersión lingüística en el contexto europeo’, ante su afirmación de que “Es altamente improbable que Bruselas aceptara el modelo de enseñanza catalán” quisiéramos despejar algunas incorrecciones.

Habla de un supuesto “derecho a la educación en lengua materna” pero ni el trabajo de 1953, Empleo de las lenguas vernáculas en la enseñanza, define tal derecho, ni lo hace la Convención sobre los Derechos del Niño (ONU 1989) que ella cita. El segundo solo menciona la palabra “materna” cuando se refiere de “las ventajas de la lactancia materna”, que por razones obvias no vamos a cuestionar. Y solo se refiere a la educación para decir (artículo 29) que deberá estar encaminada a “… inculcar al niño el respeto de sus padres, de su propia identidad cultural, de su idioma y sus valores, de los valores nacionales del país en que vive, del país de que sea originario y de las civilizaciones distintas de la suya…”.

Y no es extraño que no encuentre ningún instrumento internacional que defina este derecho. El libro del profesor Antoni Milian, Derechos lingüísticos y derecho fundamental a la educación. Un estudio comparado: Italia, Bélgica, Suiza, Canadá y España (Madrid: Civitas, 1994) deja muy claro que existe un derecho fundamental a la educación, pero no un derecho fundamental a la educación en una lengua determinada. La Sentencia del Tribunal Constitucional 337/1994, de 23 de diciembre de 1994, es toda una lección magistral sobre el tema. Sin embargo, hay gente que ha creído que a base de repetir la frase un día sería verdad que hay un derecho fundamental a elegir la lengua de la educación. La libertad de expresión, en este sentido, encuentra poderosas plataformas en España para ser ejercida.

La profesora Vilarrubias afirma que “la UE no se ha pronunciado sobre el modelo lingüístico catalán, siguiendo su principio de no inmiscuirse en los asuntos internos de los Estados miembros”. Lo lógico es, por lo tanto, que siga aplicando este digno principio cuando su relación con Cataluña sea otra.

Pero seguramente la Unión Europea será influida, en su opinión, por los distintos informes producidos sobre la aplicación en España de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias. Afortunadamente la profesora Vilarrubias nos ahorra la necesidad de presentar este tratado europeo, al hacerlo en su artículo. En el primer informe del Consejo de Europa (es de 2005, anterior a los dos que ella menciona), el elogio hacia el modelo lingüístico escolar de Cataluña no puede ser más contundente: “el Comité de Expertos observa que este sistema apunta a una admirable inversión de la tendencia: una lengua regional/minoritaria que seguía oprimida hace apenas treinta años se ha convertido en la lengua de oficio del sistema educativo en su territorio tradicional, y en la primera lengua de enseñanza para la mayor parte de la última generación de jóvenes que han sido educados en Cataluña. Esta evolución es sumamente excepcional en la historia de Europa y confirma el interés especial de España en este ámbito” (párrafo 208, p. 32). En cambio, el mismo comité de expertos era crítico para con las Islas Baleares en los párrafos 624 y 625, y “alienta a las autoridades competentes a establecer modelos educativos esencialmente en catalán para la enseñanza preescolar, primaria y secundaria en las Islas Baleares, de conformidad con los compromisos específicos contraídos en estos ámbitos” (p. 104). Con respeto al catalán en la Comunidad Valenciana, el comité termina el párrafo 745 diciendo que “a la luz de los compromisos específicos contraídos por España, es decir, el más importante previsto en el artículo 8, debe concluir que estos compromisos sólo se cumplen parcialmente.”

En su tercer informe, emitido el pasado 24 de octubre, el comité de expertos reitera que los compromisos adquiridos respeto a la presencia del catalán en las escuelas primarias y secundarias de las Islas Baleares (párrafo 633, p. 76) y en la Comunidad Valenciana (párrafo 784, p. 94) sólo se cumplen en parte.

Es de esperar, pues, que aunque la Unión Europea decidiera inmiscuirse en los asuntos internos de Cataluña (cosa más que improbable, porque no lo ha hecho en ninguno de los países miembros!), no sería en el sentido que teme la profesora Vilarrubias, de exigir la ruptura de un sistema integrador que ha funcionado muy bien durante más de 20 años, incluso teniendo que afrontar cantidades ingentes de alumnos procedentes de países de todo el mundo, desde poco antes del cambio de milenio. Puede estar tranquila.

Es más: El artículo 165 del vigente Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea deja claro que en materia de educación, la Unión actuará “en el pleno respeto de sus responsabilidades en cuanto a los contenidos de la enseñanza y a la organización del sistema educativo”. Todavía más tranquila.

Referirse al actual sistema educativo catalán, que tiene como objetivo que todos los alumnos acaben la escolarización con una buena competencia en tres lenguas –de modo que los equipos docentes de cada centro tienen que elaborar su proyecto educativo para conseguir este objetivo, entre otros-, como un “un modelo escolar monolingüe”, es erróneo. El castellano sí es usado como lengua vehicular, especialmente en secundaria y, de hecho, en los últimos años también se realizan experiencias de introducción del inglés, aunque la politización del tema impida disponer de datos globales al respecto. Además, el modelo lingüístico escolar catalán es algo más que simplemente bilingüe: es efectivamente bilingüizador, porque proporciona conocimientos efectivos de ambas lenguas. A este respecto, a la señora Vilarrúbias se le queda en el tintero mencionar un dato nada trivial que probablemente interese a más de un lector: puestos a comparar, el modelo lingüístico catalán actual es probablemente el que más y mejor bilingüiza a una sociedad entera de toda Europa. Todos los otros que menciona ofrecen resultados infinitamente más pobres en lo que bilingüización general se refiere. En Gales, las escuelas en galés bilingüizan, las escuelas en inglés no lo hacen. En Bruselas, las escuelas en holandés bilingüizan, pero las escuelas en francés no. Y así podríamos seguir. El único modelo que se puede comparar al catalán en términos de efectividad bilingüizadora es el de Luxemburgo donde de hecho, se escolariza a toda la población en dos lenguas que además -¡horror!- no son la “lengua materna” de los alumnos.

Por otra parte es poco preciso referirse a Cataluña, como “una comunidad bilingüe” cuando las administraciones tienen el gran reto de garantizar la cohesión social de un país con hablantes de más de trescientas lenguas. La cifra la ha fijado el grupo de investigación GELA, liderado por Carme Junyent, autora de un reciente libro, El rol de les llengües dels alumnes de l’escola, cuyo título evidencia nuestro talante tolerante e integrador.

Lo que no contempla la Carta Europea son las lenguas de los inmigrantes (artículo 1.a.ii). Es para lenguas “habladas tradicionalmente” en territorios concretos, como todos los ejemplos de lenguas minorizadas que elige la profesora en su visión panorámica por Europa. De no ser así, pongamos por ejemplo, el 31% de los habitantes de Malmö (Suecia), o sea 94.700 personas, que ha nacido en 177 países fuera de Suecia, podría aducir la Carta Europea para reclamar unos derechos lingüísticos más allá de los que derivan directamente de los derechos humanos.

Parte de sus preocupaciones viene porqué no entiende la multitud de situaciones que cubre la afirmación de que “todos estos países y comunidades integran sus lenguas oficiales en la educación como lenguas vehiculares”. ¿En un modelo único? ¿En modelos distintos según el territorio? ¿En las escuelas privadas y las públicas? En definitiva, hay una pregunta previa: ¿Qué lenguas oficiales tendrá la Cataluña independiente? Ni la profesora ni yo lo sabemos, porque será el Parlamento constituyente quien tendrá que decidir el régimen jurídico de las lenguas, a nivel constitucional o de leyes ordinarias. Lo que está claro es que reflejará la opinión política de aquellos ciudadanos actualmente españoles que hayan optado libremente (y bienvenidos seremos todos!) por ser ciudadanos catalanes, no los demás.

¿Qué lenguas se enseñarán en las escuelas públicas de la Cataluña independiente, aparte de las dos lenguas habladas desde hace siglos en sus respectivos territorios (catalán y occitano)? ¿El castellano será obligatorio o optativo? ¿Será obligatorio para cada centro y optativo para los alumnos? No lo sabemos, simplemente porque estos temas no se deciden de antemano. Pero tengamos claros dos cosas. Una: aunque no hubiera venido a vivir en Cataluña ni un solo castellanohablante, y aunque el castellano fuese optativo en los planes de estudio, creo que el carácter pragmático de los catalanes haría que casi todos lo estudiaran. Y dos: la presencia académica del castellano en las escuelas de Cataluña -desde mucho antes de la dictadura de Franco-, no ha tenido nada que ver, en absoluto, con el establecimiento en Cataluña de tantísimas familias venidas del resto de la península en busca de una vida mejor.

La profesora parece tener una cierta obsesión al insistir que el castellano no debería quedar fuera como lengua vehicular en la educación en Cataluña. Para los hablantes de lenguas románicas este tema, seamos sinceros, tiene muy poca relevancia, porque su semejanza lingüística permite transferir muy fácilmente las habilidades entre ellas. No le vemos a Jordi Pujol, o a Roca Junyent, a la generación que no pudo estudiar en su lengua sino en castellano (o alemán!) bajo un régimen dictatorial que vivía de las prohibiciones, gravemente perjudicada lingüísticamente. Y en consecuencia no debe extrañarnos conocer los excelentes Resultados del modelo lingüístico escolar de Cataluña. La evidencia empírica, gracias a la obra editada por la Cátedra de Multilingüismo de la Universitat Oberta de Catalunya, con el apoyo económico (para las versiones en castellano e inglés) del Institut d’Estudis Catalans y la Fundació Lluís Carulla.

A partir de un exhaustivo análisis de los estudios empíricos realizados hasta el momento, los autores llegan a seis importantes –y, nuevamente, tranquilizadoras- conclusiones.

  • 1. Los alumnos castellanohablantes no acaban la escolarización obligatoria con déficits en sus conocimientos escolares por culpa de estudiar en una lengua –la catalana- que no es la suya.
  • 2. Los alumnos del sistema educativo catalán no tienen déficits en sus conocimientos escolares en comparación con alumnos de otros contextos geográficos.
  • 3. Los alumnos no acaban la escolarización obligatoria con déficits en sus conocimientos de castellano por estudiar (principalmente) en lengua catalana.
  • 4. Muchos de los alumnos castellanohablantes (y de otras lenguas), acaban la escolarización obligatoria con importantes déficits en los conocimientos de catalán si no estudian principalmente en lengua catalana.
  • 5. Las personas que han adquirido un buen dominio de dos lenguas de forma precoz, tienen más facilidad para aprender otra lengua que las personas monolingües.
  • 6. Y hay pruebas de que las personas que han adquirido un buen dominio de dos lenguas de forma precoz tienen ventajas cognitivas comparadas con las personas monolingües.

Confiamos que en un futuro próximo se deje de utilizar a Europa como si fuese un obstáculo y una traba para una futura libertad nacional de Cataluña.

Tenemos un sistema sin duda mejorable, pero que en términos de bilingüización efectiva da mejores resultados que los de nuestros competidores. Sin duda alguna, debería avanzarse en lo que respecta al dominio de las lenguas oficiales, mejorar en el conocimiento de las lenguas extranjeras y saber sacar más partido a los recursos idiomáticos que han traído consigo las nuevas inmigraciones. Pero resulta preocupante que algunos sectores insistan en proponer modelos que todos sabemos menos efectivos que el actual, basándose esencialmente en motivos no pedagógicos sino identitarios y apelando a una Europa que, francamente, tiene otras preocupaciones.

Miquel Strubell i Trueta, Director de la Cátedra de Multilingüismo de la Universitat Oberta de Catalunya
Ignasi Vila i Mendiburu, Catedrático de Psicología de la Educación de la Universitat de Girona
Xavier Vila, Profesor titular de Sociolingüística catalana i director del Centre Universitari de Sociolingüística i Comunicació de la Universitat de Barcelona

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